La historia de la Norteña

una libre interpretación de algunas canciones de Nacho Vegas y Enrique Bunbury

Esto es una libre interpretación de tres canciones de Nacho Vegas y una de Enrique Bunbury que a mi parecer concatenan una historia común pero con un hilo narrativo que va entre la tristeza extrema y la melancolía.

Tengo este escrito en la cabeza hace mucho tiempo. Ocurrió cuando escuché La chica triste (Viaje a ninguna parte, 2004) y **La Fin **interpretada por Bunbury y Vegas en el concierto Liceu BCN en 2006. Vislumbré la posibilidad de una historia más compleja que la contada en una sola canción, un cuento triste que abarcaba varias canciones y distintos años.

Escuché Liceu BCN en 2014 y para ese entonces no había prestado la atención adecuada a ninguna de las cuatro canciones que involucran la historia de La Norteña. Dos años después, muchas conversaciones, vino y cigarros me han ayudado a darle el sentido necesario para poder contarlo y a manera de narrador guíarlos por el hilo lírico de este cuento :)

Algo a considerar es que la historia se desenvuelve como un pulp fiction, si vieron la película sabrán a que me refiero y si no, les recomiendo verla.

Empecemos:

En La chica triste que te hacía reir tenemos a un tipo que asume su realidad, que le gusta seguir el camino complicado, acepta su responsabilidad en las decisiones que toma, pero sabe que la chica triste ya no está ahí, él la perdió y sabe que no volverá. El detalle importante está al inicio de la canción, cuando dice

conservarías el sombrero norteño y la chica triste …

- recuerden esta parte, la necesitaremos luego.

**“…no me fío de la medicina occidental” **es su forma de decir que no quiere curar su tristeza de la forma tradicional (para nosotros los occidentales); él sabe que hay formas distintas y tal vez ya está mejor y lo que le queda es la marca de una herida que lo acompañará hasta el último de sus días y por eso el consejo final es:

asegúrate que te dejen en la parada, la que este más cercana y te aleje de la diana. No te preocupes por no despedirte de nadie.

Mientras podemos imaginarlo partiendo sin rumbo a otro lugar.

Ahora la cámara enfoca a otro hombre, quien dice “… hace 3 años y un día llegaba a norteña…” y que si lo conocieras de antes “… dirías que he envejecido al menos 10 años”. Y aunque te hace saber que siempre tuvo esa tendencia melancólica fue una extraña mujer a quien conoció “… una mañana trás un guitarra” y luego que “…brotó de sus labios aquella tonada” él no volvió a ser el mismo (de hecho habla de ese momento como una maldición) y aprendió tristemente “… que no hay bien que por mal no venga”.

Podemos asumir que este joven, envejecido por el dolor se enamoró de la extraña mujer de Norteña, hablaron de muchas cosas, pero frente a un tema en concreto…

ella siempre callaba o decía no quieras saber de mi vida, no me hagas hablar, que si bebo es para olvidar

Luego de algún tiempo ellos se alejaron, tal vez ella se quedó tratando de olvidar su pasado o tal vez él no pudo más con el dolor de ella y se alejo creyendo que podría volver a ser quien alguna vez fue, tiempo después se da cuenta que “… con certeza no escribiré más canciones”.

Cuando llegué a este punto, mi cabeza empezó a preguntarse, ¿quién es la norteña?, ¿qué pudo pasarle que destruyó su alma a tal punto que no pudo volver a amar y aquel que trató de ayudarla sucumbió al mismo dolor?

En 2011 debuta el disco Los hermanos pequeños y Vegas nos cuenta una historia que tiene una felicidad lúgubre, esa felicidad que te produce saber que pasaron cosas hermosas pero que todo devino mal, y en Añada de Ana la Friolera empieza diciendo

… vivían en norteña, una ciudad costera, donde la mar era gris y la lluvia eterna, ella pasaba frío apenas la noche llegaba, con una manta a cuadros él la arropaba.

Y sabes que es la historia de una pareja que lo dió todo, que amó como pocos lo han hecho y que visto en retrospectiva “… prometieron quererse mientras el frío existiera [y] él la llamaba …”

Ana, Ana la Friolera!!!

Como cualquier historia que vive para ser contada, necesita ser recortada, modificada y a veces simplificada al punto de decir “… tuvieron una riña y él la dejó marchar, supo que no volvería, no vuelve la ola al mar…”, sabemos que esto es falso porque una sola riña no rompe todo, se necesitan muchas y que el dolor sea compartido, solo así podemos decir que “ella pudo llevarse todo lo que tenía, pero dejó OLVIDADO EL FRíO QUE SENTÍA”.

¿Qué pasó con él?

Bueno, por un tiempo “él trata de coger el sueño; desde que ella se marchó, allí siempre es invierno”, y sabemos que él  “la buscó sin descanso” porque “teme morir congelado una noche de estas”

Nuestro narrador principal que aparentemente era Nacho Vegas de pronto se descubre como el tipo aquel, cantando en tercera persona la historia de su amor perdido y la forma que lo hace es sublime; al final de la canción dice:

la gente me llama insensato, yo aún doy mi vida entera por solo una noche con la chica friolera

Si nuestro protagonista es quien contó la historia de Ana la Friolera y asume que ella fue su chica triste y que esa riña provocó que ella desapareciera y años después se encontrara con el joven viejo a quien dejó maldito; podemos imaginar que ella también asumió su responsabilidad (y me gusta pensar que Ana volvió a sonreír), pero ¿qué pasó con nuestro protagonista? Si para sanar, Ana rompió el corazón de alguien más ¿cómo él pudo limpiar sus heridas?

La respuesta llega 2 años después, en el disco La Zona Sucia, no es Nacho Vegas quien canta Taberneros, es nuestro protagonista, más sereno, más tranquilo. Asumió su dolor y le dice a La Norteña:

puedes ver que a duras penas logró mantenerme entero, puedes ver que lo que hice ya no puedo deshacerlo

Y así empieza su confesión diciendo “…yo creí que nuestro amor era infinito como la arena” pero lo asume y grita  “…lo sentí marchar, esta noche me voy a emborrachar” (porque nunca está mal una buena borrachera cuando el alma necesita curarse)

Lo que continúa es una catarsis melancólica, una despedida. El capítulo final de una historia que duro 12 años en ser contada. Pero antes de empezar lo que podemos suponer fue la más grande borrachera de nuestro protagonista, antes de levantarse con resaca y arrancar en cero , él le pide un último favor:

dime, ¿pensarás solamente un poco en mí cuando mires el Mondúver?

Tiempo después, porque sabemos que curar las heridas toma tiempo, lo vemos despertar, agarrar su mochila e ir a la estación, la más cercana, la más alejada de la diana. Lo vemos subirse al bus e irse sin despedirse de nadie.

Buenas noches :)