La lengua, el poder, la fuerza

Umberto Eco, La estrategía de la ilusión

No es la facultad de hablar lo que establece el poder, es la facultad de hablar en la medida en que se rigidiza en un order, en un sistema de reglas … La lengua, dice Barthes (…) me obliga a enunciar una acción poniéndome como sujeto, de manera que a partir de ese momento lo que haga será consecuencia de lo que soy; la lengua me obliga a elegir entre masculino y femenino, y me prohíbe concebir una categoría neutra … me impone comprometerme con el otro,ya sea a través del «usted» o a través del «tú» … Naturalmente Barthes hablá del francés … En conclusión «A causa de su misma estructura, la lengua implica una relación fatal de alienación». Hablar es someterse: la lengua es una reacción generalizada. Además: «No es ni reaccionaria ni progresista, sino simplemente fascista, ya que el fascismo no es impedir decir, es obligar a decir».